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Mensaje del Obispo de Veracruz en su Consagración Episcopal |
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Escrito por Redacción
Lunes, 29 de Noviembre de 1999 19:00 |
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S.E. Mons Josè Guadalupe Padilla Lozano el 19 de marzo de 1963
A los Señores Párrocos,
Al Venerable Clero Diocesano y Regular,
A las Reverendas Madres y
A todos mis amados Hijos en nuestro Señor Jesucristo.
Al terminar este memorable día de la Consagración episcopal del primer Obispo de esta Diócesis, con gusto tomo la pluma para dirigir esta nueva Diócesis de Veracruz. Ya os podréis imaginar la variedad e intensidad de sentimientos que tienen por marco la Bondad y la Sabiduría de Dios que rige los destinos de las cosas y la pequeñez y limitación del hombre que en su debilidad puede servir de instrumento para que Dios consiga sus fines.
Desde el momento que me comunicaron que Nos llevaríamos el peso del Obispado, la idea de Dios y la idea de vosotros las he tenido inseparables; porque comprendí que Dios es el autor de esta providencia y que se valía de nuestra pobre persona para que vosotros en adelante, dentro de la organización de una nueva Diócesis, tuviérais un nuevo Pastor, padre espiritual, amigo, compañero que fuera guiando vuestros pasos en la vida cristiana, así en los triunfos como en las derrotas, pero siempre con el optimismo que da la seguridad de tener la ayuda y protección de Dios en todas partes, porque a El proclamamos en cada momento nuestro Rey inmortal y Capitán absoluto.
Mi saludo, queridos hijos, quiero que sea el saludo amplio y sincero de un padre que quiere desde luego manifestarse como tal a todos sus diocesanos. Porque mi figura como Obispo quedaría desfigurada si, haciendo a un lado la paternidad, se me considerara ya desde ahora como un mero administrador o inspector, algo así como un gobernante o funcionario sin captar el misterio de la paternidad. Existe el misterio de una paternidad y de una vida que tiene su origen en el sacerdocio que el obispo posee en toda su plenitud, es una paternidad ligada a su función de Pastor, que si guía en verdad a su rebaño, no se siente jerarca, sino simplemente Pastor que conoce sus ovejas y está dispuesto a dar su vida por ellas.
Levanto mi mano por primera vez después de la consagración episcopal para bendecir a mis sacerdotes, hijos muy queridos de Dios y de su nuevo Obispo, a las familias como tales, a los niños, a los obreros, a los campesinos, a los profesionistas y empleados, a los que están separados de la Iglesia; muy especialmente a las juventudes masculina y femenina, que son risueñas promesas del futuro en la Diócesis; en fin, de corazón bendigo a todos los que viven dentro de los límites de esta nueva circunscripción eclesiástica y que nos tenemos el deseo de algún día estrechar su mano y entablar un diálogo de padre a hijo para bien de sus almas.
En prenda de seguridad para la marcha firme y acertada en la nueva empresa invocamos el auxilio de Dios, con la valiosa ayuda de vuestras oraciones, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
CIUDAD EPISCOPAL, 19 de Marzo de 1963
+ J. GUADALUPE PADILLA LOZANO
1er. Obispo de Veracruz
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